Semana Santa en el Santiago antiguo

Bando sobre "Semana Santa" de Antonio Guill y Gonzaga de 1764.

Bando sobre "Semana Santa" de Antonio Guill y Gonzaga de 1764.

Semana Santa ocupa un lugar central en el calendario católico. Es un tiempo lleno de tradiciones, costumbres y recuerdos que han acompañado a lo largo de los siglos, esta fiesta religiosa.

Durante el periodo colonial gran parte de la población de Santiago, participaba en los diversos ceremoniales que se realizaban en la Catedral, capillas, parroquias y eremitas de la capital. En las liturgias era obligación la presencia de autoridades civiles y militares como símbolos de unidad bajo la monarquía. Tal era la congregación de fieles, que demandaban estas fechas, que a través de dictámenes el cabildo trasladaba las fechas de sesión programadas, para permitir la concurrencia de sus miembros a las misas.

Cuenta de la "Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad".

Cuenta de la "Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad".

Las cofradías, en las fiestas religiosas coloniales.


Las fiestas religiosas, eran especialmente llamativas en el periodo de Cuaresma y Semana Santa de los siglos XVII y XVIII (época barroca), con las procesiones celebradas por las diversas cofradías que existían en Santiago.

Eran éstas procesiones , verdadero punto de encuentro social entre miembros de diversas razas o naciones, existentes en ese entonces: españoles, criollos, mestizos, indígenas y negros se volcaban a las calles con sus trajes distintivos, convirtiendo la ciudad en un escenario multicolor de fiesta religiosa; fiesta que, como sostiene la historiadora Isabel Cruz, "es el espacio o instancia en que la realidad se metamorfosea para producir un tiempo y espacio utópico que regenera la vida del individuo".

Durante la "Gran Semana" o "Semana Sagrada", las distintas cofradías desplegaban toda la imaginería de su Santo Patrono, como un símbolo central de la celebración religiosa, intentando representar una materialización de lo sagrado. Las imágenes conmueven y posibilitan que el pueblo visualice y vea representadas en ellas, los rasgos y atributos que la historia y la devoción han otorgado a los personajes divinos y a los santos. Por ello la figura titular, preside la fiesta desde su altar o es llevada en andas.

Pero toda la intención religiosa, no impedía que para subsistir los "administradores de la cofradía", pidieran una limosna durante las procesiones y misas a los fieles, que les permitiera en parte, costear la confección de toda esa imaginería, como así lo demuestra, la cuenta de la "Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad", documento que es resguardado en nuestro Archivo.

Posteriormente, con las reformas borbónicas que se implementan durante las últimas décadas del siglo XVIII y que continúan hasta la primera mitad del siglo XIX, la fiesta religiosa comienza a limitarse por la autoridad ilustrada, que la consideraba como instancias de desorden y descontrol.

Paulatinamente, se hizo común que el Estado decretara la prohibición de todo tipo de actividades durante la Semana Santa, como dan cuenta el Bando de Antonio Guilly Gonzaga de 1764 y el decreto de Pedro Nolasco de 1830. Ordenanzas que con el paso de los años, también fueron quedando en el pasado.

>>Ver transcripción de Bando de Antonio Guill y Gonzaga de 1764.

Fuentes:

- Fondo Varios Vol. 138.
- Fondo varios Vol. 321.
- www.memoriachilena.cl

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