Mujeres "al monte" en Chile colonial: historias de fugas, anhelos y amor

Autos por abandono de hogar de su hija Ignacia o causa contra don Francisco Briseño por rapto.

Ignacia Román: huir para salvar la honra

En su versión consignada por un escribano narra que huyó para internarse en un convento, pues era maltratada, y su padre y hermano tenían aventuras extramaritales.

Autos por abandono de hogar de su hija Ignacia o causa contra don Francisco Briseño por rapto.

Ignacia Román fue una de las pocas mujeres "al monte"de quien podemos escuchar una versión personal, a través de una declaración hecha desde el monasterio de Santa Clara en Santiago. Aunque este testimonio estuvo mediado por el escribano que redactó la causa, de ella recibimos la siguiente versión.

Habían transcurrido dos meses y 15 a 20 días desde que ella "se salió voluntariamente de su casa a deshoras de la noche, sacando únicamente sus trastes, en tiempo que su madre dormía y que su padre andaba ausente, y que la condujo Don Francisco Briceño y un compadre suyo llamado Jacinto Leiva, hasta cerca de la villa de Logroño, en casa de Ignacio Briceño donde la depositó don Francisco, y tuvo algún tiempo, y de allí la trajo a esta ciudad, y puso en casa de unas mujeres, que no sabe cómo se llaman, hacia el barrio de la Merced, y de allí en este monasterio, principal fin de su salida, porque hallándose maltratada de su madre sin merecerle un buen semblante, dispuso salirse de su casa".

Ignacia, según Leiva, se avergonzaba de la mala vida del padre, quien estaba en ilícita amistad con una mujer. El hermano de Ignacia también vivía en ilícita amistad con una hija de la "manceba de su padre".

"Compungida la dicha Ignacia de tanto tropel de confusiones y deseosa del servicio de Dios había rogado con lágrimas... que la sacase de aquella aflicción, porque miserablemente perdía su alma, o que desesperada tomaría por resolución salir a perderse por aquellas montañas...". En vez de los montes, Ignacia quiso salir de tanta confusión entrando a un convento.

Finalmente, el 10 de abril, se obligó el padre a dar 200 pesos a Ignacia cuando "tomase estado" y a "mantenerla en el monasterio mientras durase en él", desistiendo de las acciones criminales contra los Leiva y mandándose a "poner perpetuo silencio en la materia".

El texto completo tiene de 38 páginas de papel sellado escritas con letra en estilo procesal en tinta y con usos ortográficos no reglamentados.

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